viernes 20 de enero de 2012
CUANDO ME PARO Y PIENSO (1)
Es irónico este trabajo. Parece lucir pero es altamente desesperante y, además, está embrujado. De repente parece que funcionan las cosas y otra vez de repente se paran. Los malos tiempos de la economía hacen que todo aquel sistema cíclico de antaño en el que se hacían realidad las expectativas anuales, según la época del año, todo aquello se ha ido al garete. Recuerdo que un viejo y experimentado viajante que nos visitaba con frecuencia porque mi padre vendía muchos cortes de tela para hacer colchones de lana, nos decía cuando aparecía por la tienda en noviembre: “éste mes es siempre muy malo y flojo, la venta baja mucho”. Y cuando volvía de cara a la primavera-verano, la cosa tenía otro aspecto; hasta nuestras caras habían cambiado: de lo triste a lo risueño. El semblante de mi padre era más luminoso y parecía augurar siempre tiempos mejores y fructíferos. Era otros tiempos. Mi memoria me dice que entonces nevaba, por ejemplo, con más frecuencia. En la primera época de ayudar en el trabajo de la tienda se hacían muchos colchones de lana. Mi madre nos enseñó a todos los hermanos a coser a máquina y mi padre el oficio de colchonero. Él empezó haciendo colchones en la calle, luchando contra los municipales y el vecindario envidioso y malintencionado que le denunciaba. Vareaba la lana con una dignidad y una energía extraordinarias.
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