No entenderás versos nunca
si no asumes la poesía
con el alma que tendría
si el poema fuera música.
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El alma muere por tísica
y por sufrir, sufriría
si no fuera la poesía
el corazón de la música.
miércoles 1 de febrero de 2012
lunes 30 de enero de 2012
ENTONCES...HABLEMOS DEL AMOR

El miércoles, día 15 de febrero, poetas y músicos vuelven a El Savor, empujados por el encantamiento poético del amor. Versos y textos ajenos y propios con la temática amorosa y sus múltiples derivaciones, como protagonista. A partir de las 10,30h, les invitamos a estos momentos tan especiales de música y poesía. Intervienen: Annie Altamirano, Maribel Domínguez, Beni González, Nati Gómez, Carlos Blanco y Toño Blázquez. La ambientación musical la protagonizan Luis Mayol (guitarra eléctrica), Aída Vercher(flauta travesera), Luis Fernando Sánchez (saxo y armónica) y Santi Hernández (guitarra clásica).
viernes 27 de enero de 2012
ANNIE ALTAMIRANO Y ARMANDO MANRIQUE PREMIADOS EN SEGOVIA
Ambos han sido seleccionados por el jurado que organiza el III Día Internacional de la Poesía, de Segovia, que tendrá lugar el próximo 24 de marzo en la ciudad del Acueducto. Altamirano es argentina, residente en Salamanca desde hace años, profesora de inglés, pertenece a varios colectivos poéticos como Salamanca Letra Contemporánea y Ateneo de Salamanca. Armando Manrique Cerrato pertenece también a Letra Contemporánea. Este Certamen poético, apoyado por empresas e instituciones segovianas adquiere notoriedad cada año que pasa. En la presente edicción se han presentado más de doscientos originales, más del doble que el año pasado. De ellos eligen treinta y seis. Ese día la ciudad de Segovia gira en torno a este acontecimiento poético e invita a los poetas a recitar sus versos ganadores y a diversos actos culturales. El año pasado fueron premiados Carlos Blanco y Benito González. En esta edición también habrá representación salmantina en Segovia. (En la foto de Benito González, de izquierda a derecha Luis Mayol, guitarrista y voz de Vargas Blues Band, Annie Altamirano y Armando Manrique)
jueves 26 de enero de 2012
INVIERNO POÉTICO EN EL SAVOR

La noche del pasado día 24 de enero, un grupo de poetas y músicos se reunieron en El Savor para dar forma a un Recital poético de invierno llamado “La Poesía te abriga”. Muchos aficionados a la poética se dieron cita para escuchar los poemas de Elena Villarroel, Almudena Torres, Carlos Blanco, Maribel Domínguez, Toño Blázquez, Annie Altamirano, Natividad Gómez, Benito González y Roxana Sánchez. La Banda sonora del recital la pusieron los músicos Luis Mayol (guitarra eléctrica), Aída Vercher (flauta travesera) Luis Fernando Sánchez (saxo y armónica) y Santi Hernández (guitarra clásica). Un recital inolvidable.
miércoles 25 de enero de 2012
PARADO
Estoy saliendo de casa.
El ascensor me ve el rostro y la tristeza
y el gesto del agobio en el semblante
y toso cuando doy al Bajo. Y el ascensor me arropa.
Son cuatro paredes. Una de espejo.
Me miro de cuerpo entero. Ya estoy bajando otra vez.
Otro día bajando a la mina donde las personas
parece que regresan siempre.
Parece que tienen en su corazón días de sobra
que latir, y algún complejo sistema de respirar,
a pesar de todo. El ascensor, el ascensor.
Un minuto de abrigo del ascensor…
y de nuevo bautizado. Es el agua bendita
que limpia la herida del alba cuando a diario
me despego de tu cuerpo y en el cuarto de baño
aparece mi cara en otro espejo,
Y me pongo un café mientras tú duermes aún.
Y abro la puerta, gacha la cabeza…
Cierro despacio, no quiero ruidos y el ascensor
me baja y me retrata el pecho duro de buscar y de pedir.
El ascensor intuye que tengo cincuenta y dos años
y que cada día vuelvo a tu regazo
para emplear la derrota en copos de ternura.
El ascensor me ve el rostro y la tristeza
y el gesto del agobio en el semblante
y toso cuando doy al Bajo. Y el ascensor me arropa.
Son cuatro paredes. Una de espejo.
Me miro de cuerpo entero. Ya estoy bajando otra vez.
Otro día bajando a la mina donde las personas
parece que regresan siempre.
Parece que tienen en su corazón días de sobra
que latir, y algún complejo sistema de respirar,
a pesar de todo. El ascensor, el ascensor.
Un minuto de abrigo del ascensor…
y de nuevo bautizado. Es el agua bendita
que limpia la herida del alba cuando a diario
me despego de tu cuerpo y en el cuarto de baño
aparece mi cara en otro espejo,
Y me pongo un café mientras tú duermes aún.
Y abro la puerta, gacha la cabeza…
Cierro despacio, no quiero ruidos y el ascensor
me baja y me retrata el pecho duro de buscar y de pedir.
El ascensor intuye que tengo cincuenta y dos años
y que cada día vuelvo a tu regazo
para emplear la derrota en copos de ternura.
MIRE BIEN AL CRUZAR LA CALLE
A la izquierda, a la derecha, cuando cruce, mire bien.
Mire bien, padre, que tengo miedo de los coches,
de las brujas malas que se esconden en las farolas,
de los chopos leporinos que parecen suaves remansos de pintores.
Tenga cuidado al cruzar no venga una bici loca
y le lleve la sucinta memoria que destartala el mapa
de los recuerdos, de los poquitos recuerdos…ya.
Es su manía de mirar fijo ahí y querer llegar allá,
sin extender su atención a otras cosas, veredas y límites,
es lo que me da terror y no duermo, cuando le miro
al trasluz de la mampara del salón, y me parece
que hace las cosas y se mueve como cuando niño,
sin saber que detrás de lo que se hace puede así,
sencillamente, no haber otra cosa que el abismo;
pueden surgir de repente amapolas desvencijadas
en un mal golpe y ya no más…no más padre.
Ese miedo ha tomado ya nido en mis bolsillos
y no se me va ni cuando le observo
haciendo reptiles desorbitados con los hombros,
o no llega con el tenedor al trozo de tortilla.
Por eso, agárrese, padre, a las vísceras del aire
cuando la calle se meta en sus reflejos sordos ya,
Y si un día el asfalto se le traga la fuercita y el aliento
Llame, llame ¡y grite!. Algún viento bueno me llevará a su vera.
Y allí estaré. Allí.
Mire bien, padre, que tengo miedo de los coches,
de las brujas malas que se esconden en las farolas,
de los chopos leporinos que parecen suaves remansos de pintores.
Tenga cuidado al cruzar no venga una bici loca
y le lleve la sucinta memoria que destartala el mapa
de los recuerdos, de los poquitos recuerdos…ya.
Es su manía de mirar fijo ahí y querer llegar allá,
sin extender su atención a otras cosas, veredas y límites,
es lo que me da terror y no duermo, cuando le miro
al trasluz de la mampara del salón, y me parece
que hace las cosas y se mueve como cuando niño,
sin saber que detrás de lo que se hace puede así,
sencillamente, no haber otra cosa que el abismo;
pueden surgir de repente amapolas desvencijadas
en un mal golpe y ya no más…no más padre.
Ese miedo ha tomado ya nido en mis bolsillos
y no se me va ni cuando le observo
haciendo reptiles desorbitados con los hombros,
o no llega con el tenedor al trozo de tortilla.
Por eso, agárrese, padre, a las vísceras del aire
cuando la calle se meta en sus reflejos sordos ya,
Y si un día el asfalto se le traga la fuercita y el aliento
Llame, llame ¡y grite!. Algún viento bueno me llevará a su vera.
Y allí estaré. Allí.
sábado 21 de enero de 2012
viernes 20 de enero de 2012
CUANDO ME PARO Y PIENSO (1)
Es irónico este trabajo. Parece lucir pero es altamente desesperante y, además, está embrujado. De repente parece que funcionan las cosas y otra vez de repente se paran. Los malos tiempos de la economía hacen que todo aquel sistema cíclico de antaño en el que se hacían realidad las expectativas anuales, según la época del año, todo aquello se ha ido al garete. Recuerdo que un viejo y experimentado viajante que nos visitaba con frecuencia porque mi padre vendía muchos cortes de tela para hacer colchones de lana, nos decía cuando aparecía por la tienda en noviembre: “éste mes es siempre muy malo y flojo, la venta baja mucho”. Y cuando volvía de cara a la primavera-verano, la cosa tenía otro aspecto; hasta nuestras caras habían cambiado: de lo triste a lo risueño. El semblante de mi padre era más luminoso y parecía augurar siempre tiempos mejores y fructíferos. Era otros tiempos. Mi memoria me dice que entonces nevaba, por ejemplo, con más frecuencia. En la primera época de ayudar en el trabajo de la tienda se hacían muchos colchones de lana. Mi madre nos enseñó a todos los hermanos a coser a máquina y mi padre el oficio de colchonero. Él empezó haciendo colchones en la calle, luchando contra los municipales y el vecindario envidioso y malintencionado que le denunciaba. Vareaba la lana con una dignidad y una energía extraordinarias.
CUANDO ME PARO Y PIENSO (2)
Le sacudía una somanta de palos que la dejaba esponjosa y brillante como la espuma. Le daba fuerte, el polvo y las espiguillas que se pegaban a los vellones como lapas saltaban como chispas. Vellón a vellón, con delicadeza, los iba juntando hasta hermanar un buen número de ellos. Después cosía la tela con hilo duro de guita sentado tranquilamente en el suelo. Se colocaba un dedil, que era un platillo de cerveza remachado con dos agujeros y una cinta en los dedos para apoyar la cabeza de la aguija. ¡La de dediles que llegué a “fabricar” yo!. Una vez cosido el contorno de la tela, dejaba una boca para meter la lana. El resto era cuestión de talento, oficio y tener bien aprendida la profesión. Iba metiendo loe vellones en la tela con mimo y cuidado, no dejando bultos y si una uniformidad envidiable. Sus manos, la izquierda tirando con suavidad y templando bien la tela, la derecha colocando a tientas la lana dentro y consiguiendo al final una lisura aterciopelada sorprendente, hacían magia a ciegas. Después cosía la boca y yo le ayudaba a poner las cintas, cosa que también tenía su tranquillo y misterio.
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